Xochi: Una ruta hacia el desarrollo que no podemos ignorar

Opinión | Por Lic. Juan Ciani

No cabe duda de que uno de los problemas más persistentes y costosos para los vecinos y visitantes de la región suroccidental del país es el caos vehicular que se vive entre San Antonio, San Bernardino, Mazatenango y Cuyotenango, a lo largo de la CA-2 Occidente. Las pérdidas no son solo económicas: estamos hablando de horas de vida que se pierden en el tráfico, de combustible desperdiciado, de productos que se deterioran, de enfermos que no llegan a tiempo a los hospitales y de estudiantes que se atrasan en su educación. Este no es un tema de comodidad: es un problema de conectividad, competitividad y derechos básicos.

Por eso, el proyecto del libramiento conocido como Xochi representa mucho más que una obra vial. Es una alternativa concreta, una respuesta estructural a una necesidad urgente. Y aunque se trata de una inversión privada, merece el respaldo de todos los sectores de la región. Aquí no hay margen para posturas ideológicas: lo que está en juego es el desarrollo y la calidad de vida de miles de personas.

Quienes construyen Xochi han tenido la visión de integrar a la población local en su desarrollo: los trabajadores que hoy ganan un salario digno en la obra son, en su mayoría, vecinos de la zona. Además, se ha promovido la inversión comunitaria por medio de bonos que democratizan los beneficios del proyecto. Este modelo, lejos de excluir, integra. Lejos de imponer, propone.

Aún más relevante es el enfoque de sostenibilidad con que se ejecuta la obra, cumpliendo normas nacionales e internacionales, lo que no es poca cosa en un país donde muchas veces las grandes construcciones ignoran su impacto ambiental. En el caso de Xochi, no solo se busca reducir el tráfico y sus emisiones contaminantes, sino que el trazado del libramiento se convertirá en un corredor biológico, aportando también al equilibrio ecológico de la región.

Hoy recorrer los 31 kilómetros de esta sección de la CA-2 puede tomar más de dos horas. Con Xochi, se transformará esa experiencia de frustración y pérdida en eficiencia, dinamismo y oportunidades. La región tendrá por fin una infraestructura que esté a la altura de su potencial.

Desde esta columna, hago un llamado a todos: autoridades, líderes comunitarios, empresarios, transportistas y ciudadanos en general. Apoyemos el proyecto Xochi, no como una solución mágica, sino como un paso concreto, real y medible hacia el progreso. Es hora de abrir los ojos —y la mente— a propuestas inteligentes, capaces de transformar no solo nuestras carreteras, sino también nuestras posibilidades.

La competitividad del departamento necesita una sacudida positiva, y este libramiento puede ser ese empujón que tanto hemos esperado. No dejemos pasar esta oportunidad.


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