Mercaderes de la política: Hacia una papeleta de 56 símbolos

Por: Abel Reyna, Revista Coyuntura.

En los pasillos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), la maquinaria burocrática no se detiene. Actualmente, existen 56 estructuras políticas preparándose para los comicios del 2027: 27 son partidos políticos vigentes y 29 son comités pro formación. De mantenerse esta tendencia, llegaremos a las próximas elecciones con una oferta electoral desmesurada que, inevitablemente, fragmentará el voto y nos presentará una papeleta ininteligible por la cantidad de participantes.

Sin embargo, esta proliferación no es sinónimo de democracia, sino de estrategia. La gran cantidad de partidos responde a la creación de «satélites»; vehículos electorales diseñados para dividir el voto nacional y facilitar el acceso al poder de alfiles políticos específicos. Este multipartidismo artificial trae consigo problemas estructurales profundos.

En la siguiente tabla presentamos a los 27 partidos políticos con personería jurídica vigente, datos oficiales de la pagina del TSE.

Cuadro: Revista Coyuntura

En Guatemala, existe la percepción —casi certeza— de que los partidos políticos giran en torno a una figura individual (el caudillo) y no alrededor de un proyecto colectivo o ideológico. Las organizaciones se estructuran exclusivamente para la figura presidencial, cohesionándose con el cacicazgo local. Es aquí donde el partido se convierte en una franquicia electoral: a nivel nacional se ofrece una «marca», promesas y un presidenciable; mientras que los caciques locales aportan la estructura territorial, la economía y, lo más importante, el control de los votos.

Este modelo de negocio político alimenta el transfuguismo. Diputados, alcaldes y operadores políticos migran con facilidad hacia la bandera que ofrezca la mejor rentabilidad momentánea, reproduciendo en cada elección un escenario donde los mismos actores reaparecen con distintos colores. Es un secreto a voces que, cuando un candidato a diputado o alcalde financia su propia campaña —muchas veces con apoyo de contratistas o redes ilícitas—, se generan compromisos que deben pagarse con contratos y comisiones una vez en el poder.

Esta dinámica explica por qué existen tan pocos Consejos Departamentales de Desarrollo (CODEDE) con techos presupuestarios adecuados para la ejecución real de proyectos. Y aun donde existen recursos, como sucede en el departamento de Suchitepéquez, se detona el conflicto entre constructores y el CODEDE para elevar techos presupuestarios y satisfacer la voracidad de la corrupción.

Al analizar los datos de afiliados y los nombres de los secretarios generales de estas organizaciones, se revelan vínculos evidentes entre las supuestas «nuevas opciones» y los partidos tradicionales. A mi criterio, aunque la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) se mantiene como el partido más grande y con cierto nivel de cohesión social, no está exento de los vicios del sistema anteriormente descritos.

Imagínese el escenario: si se concreta la inscripción de los comités en formación, tendremos una papeleta con 56 opciones que no solo diluirán nuestra atención, sino la representatividad misma del voto.

Desde una perspectiva histórica reciente —pasando por Jimmy Morales, Alejandro Giammattei y ahora Bernardo Arévalo—, persiste la sensación de que los presidentes han sido impuestos o validados por factores externos. Una característica común de estos gobiernos es haber ganado la presidencia sin contar con mayorías de diputados ni alcaldes propios. Bajo esta óptica, y aplicando la ciencia de la prospectiva, me atrevo a afirmar que el próximo alfil ya está escogido por la influencia geopolítica de EE. UU., listo para ser validado en las urnas.

Aterrizando en lo local, si el panorama en Suchitepéquez no cambia, la mayoría de las alcaldías seguirán bajo la influencia de la UNE, seguidos por el partido TODOS. Esto proyecta un escenario con dos diputaciones aseguradas: quienes encabecen las planillas de dichas organizaciones. Esto dejaría, en el mejor de los casos, apenas dos o tres casillas disponibles para una disputa real.

Ojalá algún día el guatemalteco pueda abrir los ojos e interesarse genuinamente en la política, comprendiendo que no es un tema ajeno, sino que todo lo que sucede en ella impacta directa y brutalmente en su vida cotidiana.


//