Por: Redacción. Guatemala, febrero de 2026
Bastaron 39 segundos para que la historia de Guatemala se partiera en dos. Eran las 3:01 de la madrugada del 4 de febrero de 1976 cuando el silencio de la noche fue interrumpido por un rugido violento que venía de las entrañas de la tierra. Hoy, a 49 años de aquella tragedia, la memoria de las 23,000 vidas perdidas sigue intacta, recordándonos que vivimos en un país donde el suelo no perdona el olvido.
Este aniversario no es solo una fecha en el calendario; es un llamado urgente a la prevención. Mientras nos acercamos al medio siglo del desastre, expertos del INSIVUMEH y la CONRED unen la ciencia con la memoria histórica para enviar un mensaje claro: no podemos predecir cuándo volverá a temblar, pero sí podemos decidir cómo nos encontrará el próximo sismo.

Una herida abierta en la geografía nacional
El terremoto de hace 49 años tuvo una magnitud de 7.5 grados en la escala de Richter. Su fuerza fue tal que liberó una energía devastadora a lo largo de la Falla del Motagua, provocando que la tierra se desplazara horizontalmente más de tres metros en algunos puntos. Aunque el epicentro técnico fue en Los Amates, Izabal, la destrucción se ensañó con el altiplano central.
El departamento de Chimaltenango fue el mártir de aquella jornada, registrando casi 14,000 fallecidos. La razón de tanta muerte no fue solo el movimiento telúrico, sino la forma en que construíamos. Miles de casas de adobe, pesadas y sin refuerzos, se convirtieron en trampas mortales mientras las familias dormían.
El saldo final fue desgarrador: más de un millón de personas quedaron sin hogar (el equivalente a uno de cada seis guatemaltecos de esa época), 76,000 heridos y una infraestructura hospitalaria colapsada en un 40%.

La amenaza sigue latente
El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) ha reiterado que las condiciones geológicas de Guatemala no han cambiado. Fallas como la del Motagua y la de Chixoy-Polochic acumulan energía constantemente.
«El terremoto del 76 nos enseñó que la naturaleza tiene sus propios tiempos. La pregunta no es si volverá a ocurrir un sismo fuerte, sino qué tan preparados estamos para enfrentarlo», explican fuentes sismológicas.
Guía de Supervivencia: Lo que recomienda CONRED hoy
A diferencia de 1976, hoy contamos con protocolos de respuesta. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) insiste en que la supervivencia depende de la preparación previa. Estas son las tres columnas vertebrales de la prevención actual:
1. La Mochila de las 72 Horas En caso de un desastre, la ayuda puede tardar en llegar. Cada familia debe tener una mochila lista y accesible con:
- Agua pura y alimentos enlatados (fáciles de abrir).
- Un botiquín de primeros auxilios con medicinas específicas si alguien en casa padece enfermedades crónicas.
- Linterna con baterías de repuesto y un radio portátil.
- Documentos importantes protegidos en bolsas plásticas.
- Ropa abrigada o una frazada ligera.
2. El Plan Familiar de Respuesta La improvisación cuesta vidas. CONRED recomienda reunirse en familia y definir:
- ¿Cuáles son las rutas de evacuación más seguras de la casa?
- ¿Dónde está el «¿Punto de Reunión” seguro afuera (parque, patio)?
- ¿Quién se encarga de ayudar a los niños, abuelos o mascotas?
3. Durante el Sismo: Calma y Protección La vieja práctica de salir corriendo ya no es recomendada si el movimiento es violento, pues los objetos caen y golpean. La instrucción internacional es:
- AGÁCHESE: Tírese al suelo.
- CÚBRASE: Métase debajo de una mesa resistente o escritorio.
- AGÁRRESE: Sosténgase de la pata de la mesa hasta que pase el movimiento.

Honor a la memoria
Guatemala se levantó de los escombros gracias a la solidaridad de su gente y la ayuda internacional. Hoy, al conmemorar 49 años de dolor y resiliencia, la mejor manera de honrar a los que se fueron es protegiendo a los que están. Revisar nuestra casa, preparar nuestra mochila y educar a nuestros hijos sobre los sismos es el homenaje más valioso que podemos rendir.