LA HISTORIA SE REPITE EN VENEZUELA

Esta mañana, el gobierno de los Estados Unidos tomó por asalto la República Bolivariana de Venezuela, secuestrando al presidente de esta nación, Nicolás Maduro Moros, junto a su esposa. Como es habitual en estos casos, la polarización política e ideológica ha inundado las redes sociales.

Por un lado, están quienes defienden al capital: los verdaderos capitalistas que buscan instalar sus negocios en Venezuela. Junto a ellos, se alinea paradójicamente un grupo al que le vendieron la idea de que también son capitalistas. Estos son los que más celebran y defienden a sus opresores, a pesar de no tener casa, dinero en el banco, vehículo propio ni un empleo fijo para sobrevivir. Sin embargo, en su alienación, gritan injurias contra el pueblo venezolano.

Por otro lado, estamos el grupo minoritario: aquellos que tenemos conciencia de clase y entendemos la naturaleza saqueadora de estas intervenciones, porque conocemos y recordamos nuestra historia.

El 27 de junio de 1954, Guatemala vivió lo mismo que está viviendo el pueblo venezolano hoy. El presidente Jacobo Árbenz fue derrocado tras una invasión militar orquestada por la CIA bajo la operación PBSUCCESS y obligado a exiliarse. Las operaciones de invasión iniciaron el 18 de junio con patrullas fronterizas; la presión y los bombardeos sobre la capital forzaron la renuncia de Árbenz, quien fue reemplazado por una junta militar que, el 7 de julio del mismo año, entregó el poder a Carlos Castillo Armas.

A partir de ese momento, la población se levantó, dando inicio a 36 años de conflicto armado interno que dejaron más de 200,000 muertos y una sociedad plenamente ideologizada y alienada de su realidad. Hoy sufrimos las consecuencias de aquella invasión gringa: la pobreza y la exclusión saltan a la vista. Si estas intervenciones fueran en beneficio de los pueblos, Guatemala sería un país desarrollado; sin embargo, la cooptación del Estado —estructurado para saquearse a sí mismo— es más fuerte que nunca. Esos son los verdaderos resultados de las invasiones estadounidenses.

Los venezolanos tendrán que iniciar ahora su propio ciclo. Ojalá encuentren una salida que les permita preservar sus riquezas —como el petróleo, que es el fin último de esta invasión— pero, sobre todo, preservar la vida de sus habitantes. A nivel geopolítico, esperemos que Rusia y China no respondan militarmente, pues estaríamos a las puertas de una tercera guerra mundial impulsada por la avaricia del narco-Estado gringo.


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