A medida que se acerca un nuevo período electoral en Suchitepéquez, la comparación entre Cuyotenango y San José La Máquina se vuelve inevitable. Dos municipios vecinos, similares en vocación agrícola, pero con trayectorias de desarrollo profundamente distintas.
Para los habitantes de San José La Máquina, el 27 de febrero de 2014 marcó un hito: la creación oficial de su municipio mediante el Decreto 7-2014. Desde entonces, los avances han sido notorios. En solo 11 años han consolidado infraestructura básica, ampliado servicios y dinamizado un comercio emergente vinculado a la producción agrícola. Su primera elección municipal, en 2015, fue celebrada con entusiasmo, resultando electo Ronal Obdulio Aldana Chilin con 2,862 votos bajo la bandera del partido LIDER.

Cuyotenango, en contraste, posee una historia más larga y un potencial estratégico evidente gracias a su acceso a la carretera C-A 2. Es un centro agrícola, de servicios y de comercio regional. Sin embargo, el municipio permanece rezagado. El deterioro urbano y la falta de proyectos de envergadura reflejan una administración sin rumbo claro.
De acuerdo con los registros del Tribunal Supremo Electoral, Jorge Arturo Reyes Ceballos ganó por primera vez la alcaldía de Cuyotenango con 3,800 votos, representando al FRG. Desde entonces, ha gobernado durante 26 años sin alternancia política. Para muchos, esta continuidad prolongada explica en buena medida la falta de innovación y la ausencia de obras que impulsen el desarrollo local.

Mientras San José La Máquina avanza con paso firme, el contraste con Cuyotenango se intensifica. En poco más de una década, el municipio más joven ha superado ampliamente en infraestructura y dinamismo socioeconómico a su vecino, que se mantiene estancado, según opinan vecinos y analistas locales.

Otro factor que moldea la percepción pública es la estrategia de comunicación de la municipalidad de Cuyotenango, que promueve como “desarrollo” la entrega mensual de huevos y pollo a adultos mayores, una acción paliativa que, según críticos, no sustituye la necesidad de obras estructurales.
En un año electoral, las diferencias entre ambos municipios invitan a la reflexión: mientras uno se proyecta hacia el futuro, el otro parece detenido en el tiempo, a la espera de un cambio que reactive su potencial.
