Por Abel Reyna
San Francisco Zapotitlán, Suchitepéquez. – En un emotivo acto que congregó a la comunidad educativa de la Escuela Primaria Oficial Urbana Mixta «15 de Septiembre», se llevó a cabo la entrega de medallas a la excelencia académica. De un total de 688 alumnos inscritos en el establecimiento, mas de 100 estudiantes destacaron por su alto rendimiento, dedicación y esfuerzo durante el ciclo escolar.
Entre los galardonados que llenaron de orgullo a padres y maestros se encuentra la estudiante de cuarto grado, Daira Belén, quien junto a sus compañeros representa la esperanza y el futuro de San Francisco Zapotitlán. Vaya para cada uno de estos niños y niñas, y para sus familias, la más sincera felicitación por no rendirse ante los retos que supone la educación pública en nuestro país.

Sin embargo, el acto de premiación trascendió lo protocolario y se convirtió en un momento histórico para la reflexión comunitaria gracias al discurso del director del establecimiento, Armando Rendón. En el marco del mes patrio, y paradójicamente dirigiendo una escuela bautizada con la fecha de la emancipación, el director lanzó una interrogante que sacudió las conciencias de los presentes: «Ahora que celebramos una supuesta independencia, ¿creen ustedes que realmente somos libres, que nos beneficia a nosotros la supuesta independencia que celebramos?».
Este inusual pero necesario cuestionamiento en un acto escolar no es otra cosa que un brillante ejercicio de descolonización epistémica, que puede analizarse desde cuatro dimensiones fundamentales. Para comprender la profundidad de este ejercicio de pensamiento crítico, resulta útil visualizar la estructura del poder y la historia a través de la Filosofía de la Liberación. El siguiente esquema ilustra cómo las narrativas oficiales se imponen desde un núcleo de privilegios, y cómo el verdadero cambio educativo surge al cuestionar ese núcleo desde los márgenes sociales.

La ruptura con el centro hegemónico:
Históricamente, la narrativa oficial de 1821 ha sido impuesta desde las élites para que el pueblo celebre una «liberación» que, en la práctica, solo fue una transferencia de poder. Al cuestionar esta fecha, el educador desafía el relato que el centro de poder ha obligado a memorizar y aplaudir ciegamente en las aulas.
Hablar desde la periferia (la exterioridad):
El director no emitió su discurso desde los pasillos de un ministerio o un palacio gubernamental, donde los privilegios abundan. Habló desde la trinchera de la educación pública en un municipio de Suchitepéquez, situándose conscientemente en la periferia del sistema, reconociendo las carencias y la realidad tangible de sus alumnos.
El acto de pensar hacia el centro:
Su pregunta funcionó como un vector crítico. En lugar de ser un receptor pasivo de la historia oficial, formuló un pensamiento propio desde los bordes hacia el núcleo del poder, desmitificando la narrativa que nos han vendido como absoluta.
Dar voz a las mayorías:
Al utilizar el pronombre «nosotros» («¿nos beneficia a nosotros?»), el director se identificó y le dio voz al «Otro» histórico. Invitó a los estudiantes y padres de familia a reconocerse, no como beneficiarios de aquella independencia de papel, sino como sujetos con la capacidad de analizar críticamente su presente.
Este acontecimiento en San Francisco Zapotitlán debe resonar en todo el departamento. Es un llamado de atención y un ejemplo contundente para los demás docentes y directores de Suchitepéquez. La verdadera educación no consiste en repetir efemérides vacías, sino en generar un cambio epistémico.
Necesitamos más educadores dispuestos a posicionarse en la periferia, a romper los moldes de la pedagogía tradicional y a enseñar a nuestros niños que el pensamiento crítico es la única herramienta capaz de forjar una independencia real y definitiva. Hoy, la Escuela «15 de Septiembre» no solo premió la excelencia académica, sino que dio una cátedra magistral de libertad intelectual.